Una partida de Ochos locos desde el reparto hasta el final, jugada a jugada, con el motivo de cada decisión.
Tres jugadores se sientan en este orden: tú, Ada y Bo. Bo reparte cinco cartas a cada uno y descubre el 9♣ para empezar el montón. Empiezas tú, y el juego va hacia la izquierda.
Tu mano: 9♥, K♣, 3♣, 8♦ y 4♠. En cada turno puedes jugar una carta del mismo palo o del mismo valor que la de arriba, o un ocho.
Podrías jugar el K♣ o el 3♣ por palo, o el 9♥ por valor. Juegas primero el K♣: un rey te cuesta 10 si te pillan con él, el tres solo 3. Ada juega el K♥, que coincide en valor y cambia el palo a corazones. Bo juega el 7♥.
Juegas el 9♥. Ada no tiene corazones ni nueves, así que roba hasta encontrar una carta que pueda jugar: 2♠, luego J♦, luego 9♠, que coincide en valor. La juega, y el palo es picas. La mano de Ada ha crecido en dos cartas.
Bo juega la Q♠. Juegas el 4♠, y te quedan el 3♣ y el 8♦. Ada juega el 2♠.
Bo no tiene picas ni doses, solo ochos, así que juega el 8♣ y nombra corazones. No tienes corazones, pero un ocho se puede jugar sobre cualquier cosa, incluso sobre otro ocho. Juegas el 8♦ y nombras tréboles, el palo de tu última carta.
Ada tiene el 6♣ y lo juega. Bo juega la J♣. Te toca, el palo es tréboles, y juegas tu última carta, el 3♣. Te has quedado sin cartas.
Nombrar tréboles fue el momento clave. Nombrar cualquier otro palo habría supuesto esperar a que otro volviera a cambiar a tréboles antes de verte obligado a robar.
Te anotas las cartas que quedan en las otras manos: 50 por cada ocho, 10 por cada figura, 1 por un as y su valor para el resto. Ada tiene A♠, 4♦, J♠ y J♦: 1 + 4 + 10 + 10 = 25. Bo tiene el 8♠, que vale 50 por sí solo.
Te anotas 75 en la mano. La siguiente se reparte cuando todos están listos, y el primero en llegar al objetivo gana.
El ocho que guardó Bo le costó 50. Retener un ocho está bien mientras sea tu salida, pero una mano puede terminar antes de que llegues a usarlo.
Soltaste primero tu carta más cara, jugaste por palo y valor antes de gastar tu ocho, y usaste el ocho para nombrar el único palo que te daba la mano.