Una partida de Pirámide desde el reparto hasta el final, jugada a jugada, con el motivo de cada decisión.
Veintiocho cartas se colocan en siete filas, y cada carta se apoya sobre las dos de debajo. En este reparto la fila inferior es 6♣ 7♦ K♥ 9♠ 3♥ 10♦ Q♣, y la de encima A♠ 4♣ 8♥ J♦ 2♠ 5♦. Las otras veinticuatro cartas son el mazo, y esta partida permite tres pasadas.
Al principio solo la fila inferior está libre. El objetivo es retirar cartas por parejas que sumen trece, o reyes solos, hasta que no quede pirámide.
El K♥ sale primero, solo. Después, 6♣ con 7♦, y 3♥ con 10♦. Eso libera el A♠, el 4♣ y el 2♠ de la fila de encima. El 4♣ se empareja con el 9♠, y el A♠ con la Q♣, lo que libera J♦, 8♥ y 5♦.
J♦ con 2♠ y 8♥ con 5♦ vacían también esa fila. Han salido trece cartas sin pasar ni una del mazo: un comienzo generoso que no todos los repartos dan.
La quinta fila ya está libre: 3♣ 7♠ K♣ Q♥ 5♣. El K♣ sale solo, y nada más forma pareja. El problema es la Q♥: está sobre el A♦, y una carta nunca puede emparejarse con la que cubre. La Q♥ necesita otro de los ases, y el A♠ ya ha salido.
Así que toca el mazo. La primera carta es el 10♥, que se lleva el 3♣. La siguiente, el 6♠, se lleva el 7♠, y eso libera el 8♠, que se empareja con el 5♣.
La siguiente carta es el A♣, el as que necesitaba la Q♥. La pareja libera el A♦ y el 10♣. Luego sale el 9♣ y se empareja con el 4♦, lo que libera el 2♦. La carta siguiente, el 7♣, no tiene compañera y se queda en el descarte, y la Q♠ cae encima.
La Q♠ se lleva el A♦, y el 7♣ vuelve a estar arriba del descarte. La J♠ queda libre y se empareja con el 2♦. La siguiente carta, el 3♠, se lleva el 10♣, lo que libera el 6♥, y el 7♣, que llevaba todo este rato esperando en el descarte, se empareja con él.
Solo quedan tres cartas: 9♥ y Q♦ en la segunda fila desde arriba, y el 5♠ encima de ellas. El mazo da el 2♥, que no tiene compañera, y luego el 4♠, que se lleva el 9♥. El A♥ se lleva la Q♦, y el 8♦ se lleva la última carta, el 5♠.
La pirámide queda despejada en 31 movimientos, con trece cartas todavía en el mazo. El reparto se gana en cuanto sale la última carta, quede lo que quede.
La Q♥ sobre el A♦ era el único peligro real de este reparto. Si se hubiera gastado antes otro as, a la Q♥ solo le habría quedado una compañera en algún lugar del mazo, y toda la cima de la pirámide habría dependido de encontrarla.
Las costumbres que lo ganaron son las que ganan la mayoría de los repartos: haz parejas que liberen las cartas de encima, comprueba sobre qué está cada carta antes de emparejarla y recuerda que una carta que se queda en el descarte vuelve cuando sale la que tiene encima.