El 21 británico, donde el asiento de la banca vale la pena ganar.
El antepasado británico del blackjack. Las reglas se parecen y el juego resulta muy distinto, sobre todo porque las cartas de la banca quedan ocultas y el puesto de banquero puede cambiar de manos.
Los ases valen 1 u 11, las figuras 10 y el resto su número.
El banquero da una carta tapada a todos, incluido él mismo. Los jugadores miran y apuestan. Sigue una segunda carta, también tapada. Nada de lo que tiene la banca se enseña hasta el final.
Un pontoon es un as con una carta de valor 10, y gana a todo. Una jugada de cinco cartas son cinco cartas que suman 21 o menos, y gana a todo salvo a un pontoon.
Comprar: subes la apuesta y recibes una carta tapada. Girar: recibes una carta descubierta sin subir la apuesta. Una vez giras, ya no puedes comprar. Plantarte: solo puedes plantarte con 15 o más.
El banquero juega entonces su mano y la descubre. La banca gana los empates, y ahí está la ventaja del puesto. Un pontoon o una jugada de cinco cartas pagan el doble.
Un jugador al que le reparten un pontoon se queda con la banca al final de la mano, salvo que el banquero también tuviera uno. Eso es lo que convierte el juego en una competición y no en un juego de casa.