Bazas checas con ligues, un declarante y apuestas sobre la última baza.
El juego nacional checo y eslovaco, presente en todas las tabernas del país. Tres jugadores, un declarante contra dos.
32 cartas, normalmente una baraja de palos alemanes: bellotas, hojas, corazones y cascabeles. Del siete al as.
As, diez, rey, ober, unter, nueve, ocho, siete. El diez por encima del rey es el orden continental habitual.
El repartidor da doce cartas al jugador de su izquierda —la mano, que será el declarante— y siete a cada uno de los otros dos. La mano elige dos cartas como indicador de triunfo, decide el triunfo y descarta dos boca abajo.
Juego bueno: llevarse más puntos de carta que los defensores. Siete: además te comprometes a ganar la última baza con el siete de triunfo. Cien: te comprometes a sumar al menos 100 puntos incluyendo matrimonios. Betl: no llevarte ninguna baza, sin triunfo. Durch: llevarte todas las bazas, sin triunfo.
Rey y ober del mismo palo, declarados al salir con uno de ellos: 40 en triunfo, 20 en cualquier otro palo.
El as y el diez valen 10 cada uno, el resto nada, más 10 por la última baza. Así que un matrimonio vale más que casi cualquier baza, y el juego trata en buena medida de ellos.
Sirve al palo si puedes y gana a la carta más alta jugada si eres capaz. Si no puedes servir, debes fallar. Gana el triunfo más alto.
Las apuestas se liquidan en monedas según una tarifa, y los defensores pueden doblar el contrato del declarante antes de jugar.