Evita los corazones y la dama de picas. O quédatelos todos.
Un juego de evitación. Cada baza que ganas es un lastre, y el objetivo es acabar con las menos cartas de penalización posibles, salvo que decidas llevártelas todas.
Una baraja de 52 cartas repartida por igual, trece por jugador con cuatro. Los ases son altos. No hay palo de triunfo.
Cada corazón vale 1 punto. La reina de picas vale 13. Los puntos son malos, y la partida termina cuando alguien llega a 100.
Antes de cada mano, cada jugador pasa tres cartas tapadas. La dirección rota: izquierda, derecha, enfrente, y después ningún pase, y se repite.
Quien tiene el dos de tréboles sale con él. Debes servir al palo si puedes. Quien juegue la carta más alta del palo de salida se lleva la baza y sale a la siguiente.
Ni corazones ni la reina de picas pueden jugarse en la primera baza. No se puede salir de corazones hasta que se haya descartado un corazón en alguna baza anterior; a eso se le llama romper corazones. La excepción es una mano que solo tenga corazones.
Reúne todos los corazones y la reina de picas en una misma mano y la puntuación se invierte: tú sumas cero y todos los demás se llevan 26. Es la razón por la que no puedes limitarte a soltar cartas de penalización al que va ganando sin vigilar lo que va acumulando.
Con tres, cinco o seis jugadores se recorta la baraja para que el reparto salga justo, normalmente quitando tréboles o diamantes bajos.