Cinco cartas, un descarte, y nada a la vista hasta el final.
La forma más antigua que sigue jugándose, y la que menos información ofrece. Nunca hay nada descubierto.
Todos reciben cinco cartas tapadas, y sigue una ronda de apuestas.
Empezando por la izquierda del repartidor, cada jugador que siga en juego puede descartar las cartas que quiera y recibir otras tantas. Quedarse con las cinco se llama servirse. Después viene una segunda ronda de apuestas.
Los jugadores restantes muestran sus manos y la mejor de cinco cartas se lleva el bote.
Sin cartas a la vista, cuántas cartas ha pedido cada uno es casi lo único que tienes. Pedir tres suele significar una pareja; pedir una, doble pareja o cuatro cartas de escalera o color; y no pedir ninguna, o bien una mano hecha o bien un farol que conviene mirar con atención.