Caen dos cartas iguales y el primero en gritar se lleva el montón.
El clásico juego de reflejos infantil. Aparecen dos cartas del mismo valor, y el primero que grita se lleva el montón.
Una baraja de 52 cartas repartida lo más equitativamente posible, boca abajo. Los jugadores no miran sus cartas.
Dando la vuelta a la mesa, cada jugador descubre su carta de arriba sobre su propio montón, con un solo movimiento alejándola de sí para que todos la vean en el mismo instante.
Cuando las cartas de arriba de dos montones cualesquiera muestran el mismo valor, el primero que grita snap se lleva ambos montones y los añade al fondo de su mazo boca abajo.
Los palos no importan. Solo el valor.
Un jugador que descubre su última carta continúa hasta que los montones cambien de manos. Un jugador sin nada queda fuera.
Gana el último jugador que aún tenga cartas.
Para una partida más larga, poned los montones en el centro en lugar de dárselos al ganador. Cuando dos cartas de arriba coinciden se grita snap; cuando una carta coincide con la de arriba del snap pot central se grita snap pot, y ese jugador se lleva el pot.
Gritar snap cuando no hay coincidencia te cuesta una carta, descubierta, al centro. Esa penalización es lo que impide que el juego sea puro ruido, y conviene aplicarla desde la primera ronda.