Sin cartas comunes: cuatro de tus siete están a la vista de todos.
El stud no tiene cartas comunitarias. Cada jugador construye sus propias siete, y las mejores cinco forman la mano.
Cada jugador recibe dos cartas tapadas y una descubierta. La carta descubierta más baja debe abrir con una apuesta obligatoria llamada bring-in. Después se reparten tres cartas más descubiertas, de una en una, con una ronda de apuestas tras cada una, y una séptima carta tapada al final. Así cuatro de tus cartas quedan a la vista de la mesa y tres no.
Tras el bring-in, la mejor mano descubierta habla primero en cada ronda. Eso cambia según van saliendo las cartas, de modo que el orden de juego se mueve por la mesa.
El stud premia la memoria más que ninguna otra variante. Las cartas retiradas ya no están, y un jugador que persigue un color en un palo del que ya has visto cinco cartas tiene muchas menos opciones de las que cree.
Con ocho jugadores la baraja puede agotarse. Cuando ocurre, se descubre una única carta comunitaria que comparten todos los que siguen en la mano.