Treinta y dos cartas y una escalera de anuncios repartida en tres columnas.
El juego de cartas de Rusia y los Balcanes, jugado sobre una hoja dividida en tres columnas y a menudo durante toda una velada. Tres jugadores.
32 cartas, del siete al as. Diez cartas a cada uno y dos tapadas como talón.
Tres zonas, y son el juego. El pozo (pulya) anota los contratos que has cumplido. La montaña (gora) anota las penalizaciones. Los whists anotan las bazas que te llevaste defendiendo. Intentas llenar el pozo hasta un tamaño acordado, normalmente 10.
Las pujas nombran un número de bazas de seis a diez y una denominación, ordenadas picas, tréboles, diamantes, corazones, sin triunfo. El misère —no llevarse ninguna baza— se sitúa entre siete y ocho.
El declarante recoge el talón, descarta dos cartas y nombra el contrato definitivo.
Los dos defensores deciden entonces si whistean —oponerse al contrato— o pasan. Si ambos pasan, el declarante juega la mano con las cartas descubiertas contra un muerto, y si alguno whistea, juegan juntos contra el declarante con la obligación de llevarse entre los dos un número determinado de bazas.
Sirve al palo si puedes, y debes ganar a la carta más alta jugada si eres capaz. Si no puedes servir, debes fallar. Gana el triunfo más alto.
Cumple el contrato y anota su valor en tu pozo. Falla y anota lo que faltó en tu montaña, donde cuenta en tu contra. Los defensores anotan las bazas que se llevaron bajo el nombre del declarante en la columna de whists.
Al final se restan las montañas y se liquidan los whists entre los defensores, así que las cuentas duran toda la velada en vez de resolverse mano a mano.