Apuesta a las cartas de pozo y suelta tu mano para llevártelas.
También llamado Michigan o boodle. Un juego de apuestas donde el dinero descansa sobre cuatro cartas de una segunda baraja y lo ganas jugando la carta que coincide.
Una baraja de 52 cartas, y cuatro cartas sacadas de una segunda baraja: normalmente el as de diamantes, el rey de tréboles, la reina de corazones y la jota de picas. Son las cartas boodle, colocadas descubiertas en el centro.
Antes de cada reparto, cada jugador pone una ficha sobre cada una de las cuatro cartas boodle. El repartidor suele pagar el doble.
Reparte la baraja entera alrededor de la mesa, incluida una mano de más: una mano muerta que nadie juega. Las manos quedarán desiguales; no pasa nada.
El repartidor puede cambiar su mano por la muerta sin verla, o subastar el derecho a hacerlo.
El jugador a la izquierda del repartidor sale con su carta más baja de cualquier palo. Quien tenga la siguiente carta hacia arriba de ese palo la juega, después la siguiente, y así subiendo hacia el as.
La secuencia se detiene cuando la carta siguiente está en la mano muerta o ya se ha jugado. Quien jugó la última carta inicia una secuencia nueva con su carta más baja de otro palo.
Si solo le queda el palo en el que acaba de detenerse, el turno pasa a la izquierda.
Cada vez que juegas una carta que coincide con una de las cartas boodle, te llevas todas las fichas que hay sobre ella.
El primer jugador en deshacerse de todas sus cartas termina la mano y cobra una ficha por carta de todos los que aún tengan cartas.
Las fichas que queden sobre una carta boodle siguen ahí para el reparto siguiente, y por eso el as de diamantes puede acabar cargando con una pequeña fortuna.