Empareja palo o figura, y juega un ocho para cambiar de palo.
El antepasado de toda una familia de juegos, y el que aprende casi todo el mundo de niño. Empareja con la carta de arriba del montón, y los ochos son comodines.
Una baraja de 52 cartas. Cinco cartas a cada uno con más de dos jugadores, siete con dos. El resto es el mazo, y se descubre una carta para iniciar el montón de descartes.
Juega una carta que coincida con la de arriba del montón en palo o en valor. A un siete de corazones puede seguirle cualquier corazón, o cualquier siete.
Si no puedes jugar, roba del mazo. Sigue robando hasta encontrar una carta jugable, o hasta que se acabe el mazo, y entonces pasa.
Cualquier ocho puede jugarse sobre lo que sea, y quien lo juega nombra el palo que hay que seguir. Ahí está toda la gracia del juego: un ocho es a la vez una salida de emergencia y un arma.
Gana la mano el primer jugador que se deshace de todas sus cartas.
El ganador suma las cartas que quedan en las manos de los demás:
Cada figura: 10 Cada as: 1 Todas las demás: su número.
El juego suele llegar a 100 puntos por jugador sentado a la mesa.
Cuando el mazo está vacío, o barajáis los descartes para hacer uno nuevo, o seguís jugando con los jugadores pasando cuando se atascan. Acordadlo antes de empezar, porque la segunda versión termina mucho antes.